domingo, 19 de febrero de 2012

Multiplicar no es la tarea.



Cambian las coyunturas y la política nos exige nuevos compromisos, nos exige que tengamos claras nuestras lealtades, nuestra forma de ponderar las acciones y reacciones; nos reclama ora entrar en la batalla con un grito de euforia, ora serenarse y buscar el lugar que nos corresponde en el campo.
Los últimos años han sido de una novedad inaudita para nuestras previas experiencias y expectativas sobre “lo político”.
Para empezar hemos sido por vez primera partidarios del “Gobierno”, hemos tenido que aprender a priorizar la propuesta por sobre la queja, a ensayar discursividades nuevas, a partir de situaciones nuevas.
Asistimos azorados a la reaparición de conceptos y formulas que imaginábamos enterrados en la noche de los tiempos; descubrimos que las medidas de gobierno mas correctas, las mas esperadas, las que mas optimismo nos generaban, podían ser combatidas con los propios métodos que nosotros ensayáramos como oposición -con apenas un cambio directo de signo.
Fuimos aprendiendo que no hay cosas que están bien para todos, que hasta la asignación universal puede tener detractores.
Aprendimos que frente al machaque de los medio de comunicación se volatiliza la mas afirmada reputación; que repetidas una y mil veces, las sandeces de alguna modelito tienen mas valor que la palabra de una Madre de la plaza.
Aprendimos que al redistribuir, los eternos ganadores van a vender caros sus laureles; que se cagan en las formas y por las dudas también en el contenido.
Que los intereses de por si no tienen valores, que los intereses no pueden ser enjuiciados, que son lícitos todos (los de los unos y los de los otros).
Entonces, compañeros, ¿Cuáles son las enseñanzas de esta casi década de reconstrucción de la Argentina? ¿El puro relativismo? ¿Qué todo es igual, que nada es mejor?
¿Que pasa cuando el movimiento obrero organizado propone criticas tan fuertes? ¿Cuándo los ambientalistas nos corren por su sideral izquierda? ¿Cuándo las burguesías grandes o pequeñas manifiestan sus seños fruncidos como ortos? ¿Cuándo los opinadores que supimos conseguir nos acusan de “imperialistas” en nuestro reclamo sobre Malvinas?
Todos los sectores (casi) en tanto tales tienen quejas y criticas…

Paremos un momento, estaría bien enfatizar allí; “todos los sectores, en tanto tales” es decir, en la medida que se manifiestan como sectores, por que lo verdaderamente inocultable es que ese movimiento obrero votó al Gobierno Popular, esos ambientalistas también, las burguesías grandes o pequeñas respaldaron a este proyecto en la intimidad del cuarto oscuro; lo verdadero, lo inocultable es que algo hay en este proyecto que nos interpela a todos como conjunto (globalmente) y a cada uno como individuo (como ciudadano) que nos despierta candores, confianzas, orgullos, que creíamos extraviados hace tiempo.
Entonces es allí, trascendiendo el espeso velo del relativismo, donde aparece nuestro único y mas real absoluto; Nuestra Patria.
Hmm, suena a arenga, a cosa cursi; es más que probable que nuestra patria sea algo más o menos cursi, berreta, contrahecho, que el haber aprendido a enorgullecerse de las caídas nos obligue a re-significar las victorias.
Es probable que nuestra patria sea un sueño, apenas un proyecto largamente acariciado, profundamente anhelado, un proyecto que se impone (lo veamos o no) por sobre todos nuestros intereses sectoriales, un estentóreo mentís a nuestro querido existencialismo. Tenemos una patria en esencia, una patria que durante dos siglos fue esencia esperando que su pueblo le insuflara el ser, con un poderoso verbo…
Esa patria que necesita ser, es nuestro único absoluto, la tan jetoniada “utopía” y lograr que la patria sea es nuestro telos, el argumento de fondo de todas nuestras acciones, el motivo ultimo.
Para que no se nos escape nunca esta condición es que los hago sufrir estas palabras.
Ahora que sabemos el porque de todo, recién ahora podemos empezar a saber el funcionamiento de los como, de los cuando.
Tergiversar este orden de causa y efecto es la constante labor de la anti-patria, de los que quieren una patria que no trascienda lo esencial, que están cómodos con una patria en proyecto, una patria de formas, de símbolos, de efemérides, de cantitos de escuela. Clarificarlo es nuestra ardua e interminable tarea.
Cuando la anti-patria miente, sigue siendo la labor desembozar la mentira, pero aun mas importante es saber y explicar los porque de estas mentira y todavía mas importante es poder comprender -y hacer entender- como las mentiras de los unos y las acciones de los otros se conectan con la tarea, con nuestra tarea, de transformar esencia y potencia en ser.
Queridos amigos, doscientos años de trabajo de parto es más que demasiado, nuestra Argentina necesita algo más que nuestro convencimiento intuitivo, necesita que sepamos todos los porqués y aun mucho más -después de saberlos- nos exige que los hagamos saber.
No somos el Kirchnerismo, no somos el peronismo, no somos ni la oligarquía ni las montoneras, ni los montoneros, ni el socialismo, ni católicos, ni hermosos, ni mecánicos ni camioneros, no somos los que importamos ni los que exportamos, ni las lesbianas, ni los mendigos, no somos la Sociedad Rural ni los repositores de supermercado, ni una mierda de todo eso, porque somos mucho mas, somos la Patria.
La que amamos antes que al movimiento y que al hombre…
Y si cuando una sombra de duda se posa en cualquiera de las acciones del Gobierno Popular, no la podemos despejar en nombre de la Patria, no estamos aclarando nada.
El devenir de la política nos lleva algunas veces a rizar el mismo rizo una y otra vez, repitiendo y repitiendo un slogan, una cierta verdad, un supuesto inamovible; desde algún órgano de propaganda se insta a todos a “multiplicar” las mismas cuatro verdades fragmentadas y los suficientemente insulsas como para convencer multitudes.
Y convencemos multitudes, pero no de que nosotros tenemos razón, sino de que las multitudes están de acuerdo con nosotros.
Les propongo entonces que dejemos ese silencio ruidoso de repetir como un ordenado coro las consignas canónicas; les propongo infringir ese sacrificial respeto a la frase del ministro, de romper la idea de que solo pueden existir dos únicos polos discursivos, y darnos cuenta que necesariamente existen en la argentina cuarenta millones de polos, de usinas de discurso. Y que no serán los intereses sectoriales los que finalmente planteen los enunciados que lleven la historia hacia adelante, sino los de esta patria de cuarenta millones de filósofos y sofistas.
Les propongo que procesemos nuestra verdad relativa y mucho mas temprano que tarde la transformemos en discurso. No en un discurso que les guste a todos, no en un compendio de vagas generalizaciones; en el compromiso de un discurso que apunte y dispare con pulso firme sobre todos los temas y cuestiones (le caiga mal o bien a quien le caiga)
Venimos de un año duro, arduo, diecisiete millones de elecciones nos dejaron cansados pero felices, victoriosos. Nos espera un año igual de arduo, pero cuyas victorias van a ser mas chiquitas (no menos importantes pero si menos resonantes) y habrá muchas confusiones sobre como poner las manos a la obra. Siguiendo la ley mas conocida de la política, las oposiciones trataran de transformar la debilidad en fuerza; que nuestra fuerza no sea nuestra debilidad será la mas desesperada meta.
Y esta fuerza no es hija de la uniformidad, la nuestra es una fuerza que abreva en el popurrí de nuestras diferencias.
Dicho todo esto, queridos compañeros, permítanme insistir en la importancia trascendental que salir a hacer oír nuestras voces, de transformar al movimiento Nacional y Popular en un atronador griterío de anhelos, ensordecer al mundo con millones de distintas y disonantes palabras, en la confianza de que habrá una que se va a repetir siempre en cada una de nuestras expresiones, una palabra, en la seguridad de que por encima del bullicio la palabra Patria resonará con cuarenta millones de voces.

Fernando Luis
"La Peñaloza" Buenos Aires

jueves, 2 de febrero de 2012

La aduana. Ahh, la aduana, la aduana la aduana…



Hay quienes –como un servidor- tenemos del comercio exterior una percepción que raya con el fetiche; digo esto para improvisar una justificación a posibles “idas de mambo” en las que -sobre el tema- puedo llegar a incurrir. Pero reclamo, junto a esta admisión, que nadie pierda de vista ni por un segundo el papel que la regulación (o no) del comercio exterior -y del flujo de dinero- jugó a lo largo de nuestra historia.

Para nuestra América del sur, (siempre en mi fanática opinión) la aduana ha servido como una herida, un tajo profundo que dejo escapar nuestra preciosa sangre y en cambio admitió -desde el fin del monopolio español- la entrada de todos los agentes patógenos que en forma de pacotillas y capitales especulativos, fueron enfermando nuestra economía, construyendo una América latina para los pocos que pudieran negociar bienestar con las metrópolis de turno, pero hundiendo en la servidumbre al resto de quienes durante 200 años salimos sobrando en la ecuación.

La cuenta es obvia, clarita, pero siempre aparece algún emisario de la inteligentzia que nos acusa de andar flojitos de papeles para hablar de economía, de comercio internacional, de aduanas, etc. Vivimos unos tiempos en los que parece que sin un postgrado en algo no deberíamos abrir la boca, decenios de un irrestricto culto a los saberes “técnicos” nos inducen a algunas timideces que debiera ser una tarea militante erradicar del alma. Me viene a la memoria un concepto, aspiro a que sea uno de los patrones de nuestra forma de asimilar la realidad:

“Estos asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Solo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende es que están tratando de robarlo. Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a defender la patria en el orden inmaterial de los conceptos económicos y financieros”

Raúl Scalabrini Ortíz. Bases para la Reconstrucción Nacional

Cuando días atrás (intentando hablar de minería) nos proponíamos que para poder entender los pivotes del tema, era indispensable hacerse todas las preguntas, hacer un ejercicio de celosa honestidad intelectual para lograr que a las preguntas siguieran (o no) las respuestas -en lugar de partir por las respuestas para encontrar las preguntas- este tema del intercambio de mercancías, de sus características, niveles de manufactura, flujo de dinero y fronteras comerciales estaba agazapado en un oscuro lugar de nuestra cosmovisión populista.

Porque -a fin de cuentas- alguna vez habría que comenzar a ponderar los temas con un criterio que sea algo menos errático que correr atrás de las tapas de los diarios (de los nuestros o de los de la “opo y la corpo”) ;-) y la aduana es el tema que atraviesa todos los temas.

Por ejemplo, “el cambio cultural”; estamos todos de acuerdo que convendría que en nuestra tierra se desarrollara una clase capitalista comprometida con la producción, con el desarrollo del mercado interno, con el desarrollo económico del país. Existen voces que suelen exigir esta renovación en la idiosincrasia de nuestros capitalistas, pero que al hacerlo parecen creer que esto sucederá a través de una suerte de “campaña” con la que los iríamos convenciendo, apelando a su patriotismo en los casos más ingenuos, o a la promesa de ganancias a mediano y largo plazo, que justificarían inversiones; como si la batalla cultural se pudiera pelear en el ámbito del razonamiento. Hoy existe (propongo un ejemplo) un enorme sector del universo empresario del país que medra en la entrada de diversas formas de pacotilla tecnológica y la así llamada “low price”, a lo largo de decenios se fue perfeccionando una maquina -que mete mercadería y saca dinero- de una eficiencia, por lo menos, aceptable. El importador ha hecho los lazos convenientes con despachantes, abogados, fábricas en el extranjero, transportes de carga, vías de reclamo para garantías, distribuciones, formas y fórmulas para girar dinero, y márgenes de ganancia y riesgo.

Analicemos las propuestas que le podríamos hacer a este “burgués” modélico. Le diremos que como argentino tiene la responsabilidad de contribuir al desarrollo de nuestra economía, le diremos que si en lugar de importar pocillos de café de China los produjera aquí estaría contribuyendo a la creación de puestos de trabajo, no solo en su fábrica, sino en todo un universo de proveedores que a su vez precisarían mano de obra.

Tras esperar pacientemente el final de las carcajadas atronadoras de nuestro hombre de negocios, le diremos que para acelerar el proceso le otorgaremos préstamos blandos e incluso que, hasta que comience a tener ganancias, podríamos subsidiar parte de los sueldos de su planta... Ya menos risueño y olfateando un negocio, este proyecto de industrial, nos comentará que para llevar a buen término esta experiencia va a hacer falta que, no solo subsidiemos sus costos, sino que transfiramos, además, capital suficiente para reemplazar las ganancias actuales. Es más, nos dirá que sería importante bajar los costos laborales, flexibilizando las relaciones y legislaciones del trabajo, para así asegurar la competitividad. En el corto plazo, José Empresario tendrá una fabrica de tazas, financiada por el banco Nación a bajo interés, con sueldo subsidiados, con empleados precarizados, con niveles de ganancias dibujados, y con una cuenta en el exterior cada vez más gorda, que le permita asegurarse que cuando la “política industrial” cambie, tenga suficiente filo canutiado para poder volver a su negocio… -la importación-

¿Esto sucede porque el burgués es malo? Personalmente creo que no, creo que el capitalista no tiene casi ninguna decisión respecto del capital (incluso del que figura a su nombre) ya que su supervivencia en el mercado esta constantemente amenazada, y las decisiones las toma la coyuntura (de allí aquello de vender la soga con la que habrán de ahorcarlo), las decisiones las toma Darwin mucho más claramente que nuestro burgués, las toma la supervivencia del más apto, por lo tanto es poco útil hablarle al corazón o al razonamiento de quien no puede tomar decisiones; porque si nos hace caso se muere. Otra cosa es modificar las condiciones para obligar a que el mismo Darwinismo económico determine las movidas del capital, manejar el sistema (sistema como cosa limitada y cerrada, como se usa el término en física) para que el comercio de pacotillas sea un negocio mucho menos rentable que la producción, no dar facilidades, sino dificultades, no darle mucho a los que producen (o dicen hacerlo) sino sacarle mucho a los que no lo hacen. La industrialización no puede ser un “favor” que el capital le hace al país, sino que es el interés del país el que debe determinar la condiciones que deben ser impuestas al desarrollo del capital; como fuera dicho hace tantos años con una claridad que no intentaré superar “…poner el capital al servicio de la economía y ésta al servicio del trabajo…”

Y, en el corazón de todas estas posibilidades está –una vez más- la aduana.

Será allí donde se determine –entonces- la matriz productiva, la política de empleo, los movimientos financieros, la discriminación entre capitales especulativos y productivos, el poder adquisitivo del salario, y todos los temas que hacen al tirayafloje económico.

Desde la aduana será donde contestemos a interrogantes puntuales, tales como “minería si, o minería no” y revisaremos desde allí la viabilidad económica de cada mina, pero también de cada cultivo, de cada pozo de petróleo, de cada laminadora de acero, de cada textil y de cada fábrica de santuchitos de miga aquende las fronteras.

Por estos días ha comenzado una reestructuración del sistema de licencias y permisos del comercio exterior para poder manejarlo mejor, será cada vez más difícil para el capital reproducirse por la vía parasitaria de la importación de giladas y la exportación de riquezas; quizás, con un poco de suerte, lograremos impedir el tsunami de productos que los marchitos mercados del primer mundo querrán meternos hasta por los oídos, quizás podremos producir nuestras cocinas, nuestros lavarropas, nuestros telefonitos, nuestras zapatillas, nuestras teles, nuestros desodorantes, nuestras lamparitas de colores para colgar en las peñas, nuestros propios gatitos de la suerte que muevan la manito y vaya a saber cuantas cosas más.

Para eso, mis queridos amigos, vamos a necesitar cobre, hierro, petróleo, carbón, soja, trigo carne, oro, huevos, plástico, aluminio, tierras raras, algodón, corcho (mucho corcho) vidrio (también mucho) uvas (por supuesto) madera piolines, sunchos, nafta ¿se va entendiendo? Vamos a necesitar mucho, de muchas cosas, y lo que no produzcamos lo vamos a tener que importar. A cielo abierto o a cielo cerrado lo importante empieza a ser –entonces- bajo que cielo se producen las riquezas y -más importante aún- bajo que cielo se disfrutan.


Con un abrazo enorme

Fernando Luis

sábado, 21 de enero de 2012

Incorreccion


Nunca me gusto el futbol; poco fue -a lo largo de mi vida- lo que pude entender de las pasiones que despierta en mis compatriotas el universo de ese deporte; pero se ha tornado innecesario -hoy por hoy- que me preocupe por entenderlo, ya que el deporte de la nación es desde hace un tiempito otro muy distinto; los entusiasmos futbolísticos son por esta época relegados por una nueva disciplina, miles, millones de adeptos ha logrado el ejercicio del Perogrullo...
A diferencia del futbol, el Perogrullo ha captado inmediatamente el interés tanto de hombres como de mujeres (que en conjunto son la enorme mayoría de nuestra población) todos y todas pasan largas horas pendientes de las ultimas novedades de los perogrulladores mas afamados, eclosionan favoritos, estilos, corrientes y por supuesto, bandos de perogrullantes y fanáticos del Perogrullo; el Perogrullo amateur se difunde rápidamente por escuelas, oficinas, talleres, almuerzos, cenas entremeses, gallineros, calabozos y cualquier esquina de esas en las que dobla el viento y se cruzan los atajos.
Con una prístina sencillez los genitores de truismos proponen a nuestra mirada el más variado colorido de obviedades, tautologias, frases improcedentes, comentarios sin la más remota pertinencia, y otras especias que condimentan estratégicas mentiras que quedan disimuladas en el monstruoso aluvión de verdades a medias y certezas fatuas.
Tal es así que a la vuelta de mis vacaciones (sol y viento de San Juan como para hacer dulce) me encuentro con una marejada de tintas y cometarios 2.0 sobre “la minería” muchos de los mas afamados perogrulleros de la patria se abocan a jugar en esta extensa e imbricada cancha; bien por ellos...
Pero el Perogrullo es una disciplina lúdica, un juego; el problema es que este juego amenaza reemplazar al debate político, que antes que de semi verdades o semirespuestas se alimenta de preguntas, de preguntas complejas que en su mayoría no tienen respuestas sencillas, o directamente carecen de ellas.
Para ejemplos nos preguntamos:
Las “enormes riquezas del país” ¿existen si no se las explota?
El desarrollo económico que provee la industria minera ¿con que se reemplazaría si decimos “no a la mina”.
Las regiones que no pueden producir otra cosa que mineral ¿deben ser condenadas al hambre o a la desaparición, o a la eterna languidescencia que prometen los sombreritos y los anteojos negros del turismo?
¿Es más valiosa el agua que se usa en las minas que las miríadas de millones de litros de agua que se exportan en forma de soja?
Aquí, desde la ciudad que se enriquece de todas y cada una de las explotaciones, industrias, comercios e intercambios de país ¿nos sentimos con derecho de negarles a las provincias el uso de sus recursos naturales, solo por que desde nuestras confiterías y cafés creemos que podemos encontrarles mejores utilidades?
Cuando nos propusimos un proyecto de país con trabajo, producción, con verdadera distribución federal de dignidades ¿Qué creímos, que tejiendo al crochet íbamos a industrializar la nación; que haciendo collares de mostacillas, mermeladas y conservas regionales podríamos llevar empleo de calidad, infraestructura económica y movilidad social positiva a todos los rincones de nuestra patria?
¿En que momento la asamblea de 200 vecinos paso a ser mas representativa de las necesidades de una región, que una lista de 9000 postulantes a emplearse en la industria extractiva? (hojaldre, que esto no quiere ser chicana, son preguntas sinceras)
Y en tren de preguntas sinceras: ¿Cuál tendría que ser la discusión con respecto al tema de la minería y que no termine siendo como el famoso tema de la lechería -con el que jetoneaba el desdentado asambleísta y ruralista de Gualeguaychu- que nunca nadie se digno explicar cual era “el problema” (mas allá de la manía de volcarla en la ruta)
No se mucho de minería, tampoco de agricultura, no pretendo jugarla de geólogo, ni veterinario, ni siquiera de conocedor del comercio o la industria; considero que ninguno de esos saberes es indispensable para hacer preguntas en política, ya que si así fuera tendríamos que dejarla definitivamente en manos de los especialistas, sabihondos, conocedores… si, técnicos.
Entonces: para jugar al Perogrullo cada jugador juega según su parecer, pero para el debate político rogamos que cuando se le ocurra a alguien dar de baja de plano alguna industria, de esas que bancan la economía de regiones enteras por lo menos que explique concretamente como planea reemplazar el derecho a una vida digna de los habitantes; y que condiciones cree reunir para suponer que tiene mejores credenciales para gobernar que los gobernadores elegidos por cifras muy superiores al 50% de los votos.
¿Qué creemos que va a pasar? cuando junto al cartelito de NO A LA MINERIA; colguemos otros tales que:
NO A LA SOJA (que contamina con glifosato)
NO A LOS BANCOS (que saquean nuestra economía)
NO A LAS FABRICAS (que contaminan nuestro aire)
NO AL COMERCIO (que nos aliena)
NO A LOS BOMBEROS (que se usan toda el agua)
NO A LAS DUCHAS (que ídem)
NO AL SEXO (que genera superpoblacion)

La cuestión (cree este reflexioandor amateur) es hacerse preguntas, muchas, las correctas y las incorrectas, hacérselas todas.
Cuenta el compañero Norberto Galasso en una de sus charlas, que cierta vez en al que tuvo ocasión de entrevistarse con Don Arturo Jauretche, le llevo su inquietud (arengada por esos tiempos por el partido socialista) sobre el tema del divorcio, clarificadora nos parece la respuesta que Don Arturo le planto al joven Galasso, explicándole que esas inquietudes son producto del desconocimiento de las necesidades del país de verdad; que en ese pais el divorcio estaba lejos de ser un tema, con un altísimo promedio de niños anotados con el apellido materno, donde los padres (peones golondrina) tenían pocas o nulas posibilidades de formas una familia –muy lejos de plantearse disolverla-
De los contras –amigos- no espero nada, pero a quienes se rasgaron las vestiduras y se propusieron como los superchango del gobierno popular, les ruego que empecemos a hacernos las preguntas, como el viejo Jauretche las correctas, como el joven Galasso la incorrectas, pero hacérselas todas, para (emulando a estos enormes patriotas) sumar a esta construcción que es nuestra patria grande con algo mas firme que mero Perogrullo.

Fernando Luis
La Peñaloza Bs. As.

martes, 12 de julio de 2011

La Sísifo (todos los días empezando de nuevo)

Como trompada de loco, una detrás de la otra van aterrizando los comentarios de propios y ajenos sobre la elección a intendente de mi ciudad...
Que la ciudad es "de derecha" o lisa y llanamente Macrista es una de las formulas mas repetidas, que es antiperonista, es otra, el egoísmo, la ignorancia, o pura y simple maldad...
Parece ahora que hay temporada de tiro al porteño; que el lunes a la mañana medio país se volvió porteñologo...
...y parece también que todos se desayunaron grandes conocedores de esta que pintan como una masa uniforme de conciencias idénticas que seriamos "los porteños".
Como yo (que pase toda mi vida pateando estas calles) no conozco tanto a los porteños; ruego alguna paciencia para poder poner algunas cuestiones en claro:
Cuestión 1: Desde sus inicios el gobierno popular ha dejado el armado político de la ciudad sin casi ningún respaldo o liderazgo político; impidiendo que los sectores que habían emigrado de aquel peronismo de los 90s tuviéramos una puerta abierta sino al partido, a un movimiento con una orgánica seria, es decir, que la ciudad resuelva sus problemas sola y una vez organizada hablamos; pero en el interín los porteños debimos masticarnos al Albertito, a Ibarrita y a Heller.
Cuestión 2: Esta falta de armado político serio fue suplida con una lógica por lo menos cuestionable; a falta de liderazgos correctamente apadrinados por el Gobierno fuimos invitados a llevar nuestro trabajo político al son de 6,7,8!!! como único elemento de cohesión de los últimos 2 años...
Cuestión 3: A pesar del Albertito, a pesar de Ibarrita, a pesar de Heller, a pesar de Barone y Sandra Russo, en Buenos Aires hubo quienes siguieron remando la construcción de organizaciones y batallando el proyecto nacional; muy especialmente después de la asonada campechana, armando organizaciones con nada, explicando pacientemente perspectivas nuevas a quien quisiera oírlas y a quien no también, subiéndonos a cualquier banquito a cantar las cuarenta aunque nos bajaran a las putiadas...
Cuestión 4: Supongo que por ignorancia de su existencia, o por decisión estratégica (la que no es mi meta criticar, ya que solo pretendo exponer alguna "cuestiones" no hacer juicios de valor) o por considerarlas insuficientes, las fuerzas y organizaciones que lograron medrar en la ciudad fueron puestas -para la elección- bajo la dirección de un comando centralizado.
Cuestión: 5 La aplicación capilar de las directivas de ese "comando centralizado" quedo en las manos que mayor llegada tienen a la centralidad del movimiento a nivel nacional; el aterrizaje de "La Campora" en el tramo de campaña intensiva, y el arduo trabajo que se le impuso a esa organización de dirigir en lugar de articular el trabajo de la militancia en Buenos Aires responde a esta necesidad (una vez mas suplico que se me exima de cualquier juicio de valor).
Cuestión: 6 Hicimos una campaña de slogan, pero la hicimos por la mitad, cambiando el slogan antes de que alguien lo repitiera; hicimos otra campaña de ridiculizar y demonizar a Macri, acusándolo de un montón de cosas de las que ningún argentino esta exento (porteño o no porteño): cierto grado de xenofobia, algo de egoísmo, localismos varios; como si en lugar de aspirar a ganar el gobierno aspiráramos a enseñar educación cívica; la otra campaña(si otra mas) fue la campaña hippie, canchera, joven, algo sobradora, pinchando globitos amarillos, pero inentendible para quien no sea un Kirchnerista convencido; por ultimo hicimos una campaña de concientización sobre las bondades del debate, bondades de las que en la practica ni siquiera estoy demasiado convencido...
Cuestion: 7 Ninguna de nuestras campañas se centro en una propuesta por la positiva, casi ni hablamos de cosas concretas, de proyectos reales, se esperaba que los porteños votaran conceptos ideales: inclusion, igualdad, ampliacion de ciudadania, proyecto nacional... Con una plataforma de ese color no se podria ganar una intendencia en ningun lugar del mundo, pero por algun motivo se trabajo con una concepcion ideal, de votante progresista, de avanzada, deseoso de evoluciones sociales; se hizo una campaña para que nos vote Herbert Marcuse...
Ok, esas son las cuestiones que queria comentar; no veo necesario decir nada sobre quienes ahora hablan de "porteños egoistas" o las declaraciones de ese gran compañero que es Anibal Fernandez :
"El jefe de Gabinete afirmó esta mañana que no le llama la atención que "la ciudad se le parezca a (Mauricio) Macri" y señaló que "nunca" vio a "nadie que le importara tan poco un gobierno" como a los porteños."
... simpáticas declaraciones, pero que de muy poco nos sirven a quienes tenemos que salir a hacer politica para esos horribles porteños parecidos a Macri.
Si vamos a ir a la segunda vuelta, mejor que vayamos a ganarla; haciendo y diciendo las cosas que ayuden a lograr esa tarea...
Fernando Luis

viernes, 8 de abril de 2011

Los pitucos

Hijo mío
recuérdalo
son éstos los pitucos

tienen un aire
verdad
que es un desaire

tienen la marca
verdad
de su comarca

mira
son los pitucos
nacen junto a la rabla
respiran el salitre
le hacen guiños al sol
se rascan el ombligo
duermen siestas feroces

besan con labios blandos
y en la rambla se mueren
y van al paraíso
y claro
el paraíso
es también una rumbla

fíjate bien
son ellos
los pitucos
casi una raza aparte
son nietos de estancierros
primos de senadores
sobrinos de sobrinos
de heroicos industriales

son ágiles
imberbes
deportistas
cornudos

mira cómo te miran
bajo sus lentes negros
pero no te preocupes
en el fondo
son buenos

aman los dividendos
escuchan a Stravinsky
se bañan diariamente
con jabón perfumado
y a la hora del crepúsculo
bajan todos al Centro

hijo mío
prométeme
nunca intentes hacerles
zancadillas

los pitucos son tenues
los pitucos son blandos
una bocina
un grito
a veces una huelga
les arruinan el alma

en ocasiones
raras ocasiones
se hacen los malos
dicen palabrotas
pero después se mueren
de vergüenza
y allá en su diario íntimo
se azotan con metáforas

hijo mío
recuérdalo
son éstos los pitucos

tienen un pelo
verdad
que es terciopelo

una cadencia
verdad
que es decadencia

tú
déjalos pasar
son de otra raza
admíralos
toléralos
apláudelos
escúpelos
tírales caramelos
cualquier cosa

después
cuando seas grande
grande
y tengas un hijo
lo tomas de la mano
lo traes aquí a la rambla
y sin darle importancia
le dices
hijo mío
son ésos los pitucos.

Sucesos Argentinos en la: Tercera Tirania

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Mas del Viejo Vizcacha

Creimos que era el Sr Burns

Creimos que era el Sr Burns
Pero era Gil nomás