“El aluvión zoológico del 24 de febrero parece
haber arrojado a algún diputado a su banca, para que
desde ella maúlle a los astros por una dieta de 2.500 pesos”.
Alusión a los trabajadores movilizados
el 17 de octubre de 1945
y que votaron por Perón el 24 de febrero de 1946.
Se trata de la frase fundacional
del gorilismo argentino (pre) contemporáneo.
Ernesto Sanmartino. Dirigente radical.
“Los mejores políticos son los que se enfrentan a
esos poderes cerrados, permanentes y ocultos; por supuesto que terminan siendo los políticos más atacados desde esos poderes y –por ello– los que son vistos como supuestamente “conflictivos””.
Roberto Follari. Ensayista y docente.
Entregolpes II
De la fusiladora a la caída de Illia:
Los antecedentes del golpismo Coboradical destituyente o
el huevo de la serpiente
Introducción
En las presentes notas proseguirá el sintético derrotero histórico acerca de la trayectoria de la U.C.R iniciado en la primer parte del presente trabajo. Si el ocasional lector desconociere el primer segmento puede acceder a él desde diversos links en Internet. Algunos son los siguientes:
http://www.redaccionpopular.com/content/adelante-radicalesy-el-pueblo-al... o
http://apu001.blogspot.com/2010/01/adelante-radicalesy-el-pueblo-al-abis... o
http://operativoretorno.blogspot.com/2010/01/adelante-radicales-y-el-pue...
Realmente resulta por demás complejo, doloroso y tal vez muy complejo de explica que una fuerza nacida primigeniamente para defender el derecho democrático a decidir su destino del pueblo argentino se haya caracterizado por una trayectoria menos ambigua que abiertamente golpista durante el conjunto de la etapa iniciada con el golpe 1955 y que llega al corriente 2010. En el presente texto se analiza la etapa 1955-1966, quedando la época que va desde el último año citado hasta la actualidad para un tercer capítulo. Pero lo cierto es que, en rigor de verdad, nada hay completamente inexplicable para las ciencias sociales. Por lo tanto, en el presente texto se intentan algunas conjeturas para responder a los interrogantes precedentes. En efecto, la trayectoria histórica de la U.C.R. osciló desde la transigencia deleznable hasta la complicidad abierta con cuanto golpe militar azoló a nuestro sufrido pueblo; aún cuando el depuesto fuere un gobierno radical (1966, presidente Arturo Illia) o las víctimas de la furia dictatorial militantes del propio partido; como el diputado Mario Amaya, desaparecido, luego reaparecido y poco después muerto a consecuencia de las torturas sufridas en las clandestinas mazmorras dictatoriales. Ni frente a su cuerpo yacente y martirizado fue posible extraerle al dirigente partidario Ricardo Balbín una sola declaración crítica contra la peor dictadura que sufriera el país. Por no hablar de cómo el partido proporcionó un porcentaje significativo de cuadros gubernamentales a la gestión de la más nefasta tiranía militar que depredase nuestra patria. La causa fundamental de semejantes desviaciones es, sin dudas, la muy escasa consecuencia (radicalidad) demostrada por el partido a lo largo de toda su historia. Y mucho más en momentos álgidos. La otra fuerza política masiva en nuestra argentina, el peronismo, si bien no puede exhibir conductas por completo alejadas de actitudes golpistas y autoritarias; al menos en instancias muy complejas de la vida política nacional supo, en sus vertientes mayoritarias, colocar la defensa de la democracia muy por encima de los intereses partidarios. Nos referimos a la asonada golpista de semana santa del 1987, en tiempos de la presidencia del doctor Raúl Alfonsín. Otro fue el caso de la U.C.R, que- frente al vendaval destituyente planeado desde antes de la elección presidencial del 2007 y desencadenado abiertamente un trimestre después- no sólo no lo denunció ni apoyo al gobierno democrático, sino que puso a disposición de los golpistas el aparato partidario, los espacios institucionales y parlamentarios, lugares más que expectantes en las listas para el comicio posterior y una prédica cuya finalidad evidente era darle cauce a los designios del poder real. Tales objetivos consistían en que la soberanía (política) del estado no pudiera ponerle límites a la reacción económica. Uno de los modos de los que se valió la derecha para lograr sus propósitos fue el triste papel de la U.C.R como comparsa al servicio de invisibilizar la propia existencia del citado poder económico. Lo dicho es una de las cuestiones nodales del conjunto del quehacer político. O para decirlo de otro modo: la piedra de toque de una orientación favorable al pueblo es ayudar a crear un estado con capacidad de intervención en la economía favoreciendo a los sujetos subalternos. En el muy prolongado golpe de estado que la derecha desarrolla contra el gobierno nacional y contra el pueblo la U.C.R. no se equivocó y- una vez más- se coloca en la vereda de enfrente y contra los intereses nacionales y populares. No hay dudas que semejante opción no puede ser casual. Por otra parte, en el presente trabajo se omite polemizar acerca de la concepción movimientista, común tanto al radicalismo, como al peronismo. La densidad de la temática, tal vez amerita ejercicios de escritura posteriores. Mientras nos preparamos para esas estimulantes polémicas, volvamos a la historia para corroborar si nos asiste la verdad en las ideas que anticipábamos acerca de la U.C.R..
La fusiladora: juguemos en
El bosque mientras el lobo no está
Los comicios previos al golpe contra el presidente Perón del 16 de septiembre de 1955 mostraron al conjunto de la oposición- en especial la U.C.R.- que el peronismo parecía ser invencible en contiendas electorales. De modo que se les presentaba una opción de hierro. O bien serían constantemente oposición o, en su defecto, la posibilidad de acceder al gobierno se realizaría forzosamente por vía, no muy democrática ciertamente, de un golpe militar. Es sabido que la segunda opción fue la elegida. La U.C.R. apoyó de modo entusiasta el golpe y muy especialmente, su segunda etapa; la presidida por el general Pedro Eugenio Aramburu y el almirante Isaac Rojas. Ambos uniformados constituían en aquellos momentos lo más selectamente gorila del espinel militarizado de nuestro sistema político. Así como Ricardo Balbín, el citado en el epígrafe Ernesto Sanmartino y otros dirigentes lo eran en la franja civil. Desde la organización de comandos civiles hasta la participación en elecciones proscriptivas y la complicidad con gravísimos hechos de terrorismo de estado (que mencionaremos un poco más adelante), nada de la política gorila dejó de ser intentado y realizado por la U.C.R. Para un análisis histórico realizado con cierto detalle y no exento de humor acerca del gorilismo véase nuestro artículo acerca de la referida temática en http://www.avizora.com/atajo/colaboradores/textos_raul_isman/0002_retorn...
Pero ciertamente no puede omitirse que con este golpe comenzó la etapa de inestabilidad democrática contemporánea de la Argentina, causada en que el poder real pretendió gobernar al país (fingiendo) como si el peronismo no existiera. En semejante desatino es difícil discernir si la U.C.R pretendió aprovechar la situación o fue directamente causante de tan antidemocrática orientación. Pero no cabe ninguna duda que estuvo muy lejos de oponerse.
Durante el trimestre que el país fue conducido por el General Eduardo Lonardi, la inercia impidió que se desencadenase toda la furia antiperonista que la coalición gorila había acumulado durante la década del primer justicialismo. Recordemos que el gorilismo se origina en el odio generado por el peronismo; en razón de los indudables logros conseguidos por las masas populares en el período 1943-1955. La reacción deseaba que los sectores populares se condujeran de modo por completo subordinado al poder y no reclamasen incesantemente por los viejos y nuevos derechos a los que se consideraban merecedores. Tal es la causa del furor antiperonista que anima a la oligarquía, que llegaba a pintar “Viva el Cáncer” en las paredes callejeras de los barrios acomodados, mientras Eva Perón agonizaba por causa de la cruel enfermedad. Claro que la furia gorila era ocultada tras una jeringoza republiquienta. Cualquier semejanza con la realidad actual no es casualidad permanente. Otro de los orígenes era la conciencia de inferioridad del partido radical; ya que Perón les había demostrado por vía práctica que para solucionar los reclamos de los peones rurales; mejor que enviar ejércitos genocidas era resolver a favor de los trabajadores sus conflictos y reivindicaciones. Las recién mencionadas son respectivamente las causas sociales del origen del gorilismo: el odio de la oligarquía porque los sujetos subalternos se sentían protegidos por los sindicatos y el gobierno peronista y la falta de conciencia de los destacamentos de clase media, cebada y estimulada por el discurso radical, que no veía otro enemigo para los pequeño burgueses que la fuerza nacida el 17 de octubre de 1945. Tal como han señalado diversos teóricos de la izquierda nacional, la alianza plebeya entre los sectores populares (referenciados en el peronismo) y las clases medias (en general, ligadas a la U.C.R.) constituye lo central del frente de liberación nacional y social imprescindible para que el pueblo argentino realice sus tareas más significativas. Al sembrar odio contra los peronistas, la U.C.R. demostraba su extrema funcionalidad a las necesidades del poder real.
Trascurrido el trimestre de Lonardi (que fue sólo fue para velar las armas), al asumir Aramburu y Rojas se ilegalizó y proscribió al peronismo y al conjunto de instituciones relacionadas con el movimiento. Inclusive, se llegó a prohibir la sola mención al propio Perón y de todo vocablo afín al justicialismo. También fue intervenida la C.G.T., robado el cadáver de Eva Perón y desconocido su paradero durante más de tres lustros, un grupo de militantes peronistas fue asesinado de modo totalmente ilegal (en el penal de la Avenida Las Heras y en los basurales de José León Suárez), entre otras aberraciones. Tamaños atropellos no recibieron crítica alguna de la U.C.R. Una vez más: ¿Fuerza democrática y republicana?
La condición de libertadora de la revolución, tal vez, halla su máxima contradicción en el decreto 4161/56 (al que aludíamos poco antes) que prohibió la sola mención de cualquier vocablo relacionado al peronismo; como Perón, Evita, Peronismo, Partido Peronista y otros. Por cierto que la extraña orientación se da de patadas con la condición de cancerberos de la libertad que se habían (auto) adjudicado los autores de la iniciativa. Desde el punto de vista eminentemente práctico, es casi obvio que, si hay libertad, no puede prohibirse ni el funcionamiento legal ni la mención de dirigentes políticos, partidos o centrales laborales. Y desde un punto de vista más teórico, las condiciones de la auténtica libertad residen en el ejercicio, sin restricciones ni limitaciones, de todas las facultades del lenguaje. Ser, sentirse, pensarse, mencionarse peronistas era la marca de identidad del conjunto de las masas trabajadoras. Producir la interdicción del movimiento nacido en 1945 era una más que autoritaria intervención, cuyo objetivo no era otro que despojar de libertad al pueblo argentino. Salvo que se quisiere delimitar ciudadanos decentes (los antiperonistas) merecedores de los dones de la libertad y reducir a los peronistas a la animalidad por su propia condición. Ningún demócrata ni militante contra la opresión podría avalar semejante atropello basado en una manipulación maniquea tan vulgar. A condición que no fuera de la U.C.R. partido que militó entusiastamente por el golpe y en el aval de las reaccionarias iniciativas tomadas por los fusiladores. Lo dicho ya en infinidad de ocasiones, el republicanismo y la condición democrática deben ser refrenados por los hechos.
Por otra parte, el título del parágrafo (juguemos en el bosque mientras el lobo no está) hace alusión al hecho que la proscripción del peronismo resultó la oportunidad soñada por la totalidad de la U.C.R para poder acceder al gobierno. Y tan fue así que determinó la división del partido en función del modo de implementar dichos apetitos de poder. Para que no queden dudas, ningún sector importante del radicalismo planteó posición crítica alguna acerca de los citados despropósitos ni le preocupó la necesidad de restaurar la auténtica democracia, sin proscripciones.
Una franja más que importante del radicalismo pasó a denominarse Unión Cívica Radical del Pueblo (en adelante, U.C.R.P., su máximo dirigente era el doctor Ricardo Balbín) y postulaba a rajatabla la proscripción del peronismo con el “democrático” objetivo de pretender acceder al poder político; mientras el lobo que les ganaba las elecciones no pudiere presentarse. El rústico razonamiento fue superado en capacidad “maquiavélica” para construir opciones de poder por la otra fracción radical, denominada intransigente (en adelante U.C.R.I. máximo referente Arturo Frondizi). Este sector comisionó un enviado a Caracas- ciudad donde se hallaba exiliado Perón- a fin de negociar un acuerdo que le permitiera al candidato en la elección presidencial de 1958 por la U.C.R.I., el citado Frondizi, aspirar al “pozo” vacante de los votos peronistas. Cierto es que los separaban también miradas acerca del modelo económico a implementar en el país. La U.C.R.P. había tomado gran parte del diseño económico del peronismo. De semejante modo completaba su estrategia (juguemos en el bosque) defendiendo la exitosa orientación económica que el partido había combatido con reaccionaria tenacidad mientras Perón gobernaba. Por su parte, la U.C.R.I. acordaba en la creación de manufacturas de elevada composición orgánica de capital (es decir, con maquinaria sofisticada y que apuntase a desarrollar la producción de bienes llamados de capital). Para estas nuevas ramas económicas, la U.C.R.I. postulaba la llegada de capital extranjero; ya que juzgaba insuficiente al ahorro nacional. La orientación descripta conectaba orgánicamente al frondicismo con el imperialismo, que alentaba por aquellos años la llamada teoría del desarrollismo. Tales ideas, muy en boga a fines de los ’50 y comienzo de los ’60, postulaban la falacia que la diferencia entre países desarrollados y subdesarrollados era una cuestión apenas de escalones que los segundos no habían subido. Y en realidad se ocultaba que la relación entre los dos grupos de formaciones nacionales mencionados incluía necesariamente la subordinación de los periféricos por parte de los países centrales. Esperar que capitales provenientes del centro del imperio remediasen esta situación podía ser mencionado como una profunda ingenuidad, si no fuera en realidad pura complicidad con los centros de poder económico mundial.
Pero en el presente texto nos interesa mucho más la política que la economía; de modo que queda claro de modo irrefutable la profunda orientación antidemocrática de ambas fracciones radicales, motivada en la necesidad de aprovechar la proscripción peronista para acceder al gobierno. Es que esta fuera de toda duda que ningún hemisferio radical podía (por aquellos tiempos) contar entre sus aspiraciones ganar elecciones en comicios realmente democráticos sin que mediase la prohibición del peronismo.
El periodo 1955-1973 (aunque hay autores que la acotan algo más en el tiempo) fue denominado la época de la resistencia desde ámbitos historiográficos y políticos cercanos al peronismo. La lucha sindical se concatenó con métodos armados; lo cual significó la represión estatal sin respetar- como es de rigor- la ley. Las dos fracciones radicales, como se dice en arte dramático, hicieron mutis por el foro frente a los citados atropellos a los derechos humanos y a la calidad de las instituciones democráticas.
Desde el punto de vista sindical, el juego en el bosque durante la ausencia del lobo se repitió desde la intervención de la C.G.T.. Los destacamentos gremiales ligados a la U.C.R. creyeron llegada su hora cuando la legítima representación (peronista) de los trabajadores se hallaba interdicta. Pero no contaron con la opinión de los propios laburantes, que tozudamente volvieron a construir una dirección en los sindicatos de clara raigambre peronista cuando tuvieron posibilidades legales. Mientras tanto en el mundo del trabajo como en toda la sociedad se verificaba una situación de gorilismo harto ingenuo. Es que tanto los dirigentes políticos “libertadores” como sectores de la opinión pública participaban de la angelical idea que los peronistas lo eran porqué habían sido “engañados” en su buena fe por el demagógico líder, que ya exiliado carecía de mecanismos para seguir con sus “diabólicas” orientaciones. De manera que sólo era cuestión de tiempo la desperonización de las masas. Por el contrario de semejantes ideas, lo cierto es que los sectores populares se habían constituido identitariamente como peronistas en razón que el gobierno de Perón no era (sólo) el que más había beneficiado a los sumergidos. Se trataba del único que había diseñado un modelo económico en que los sectores populares podían aspirar a ser algo más que furgón de cola oprimido. En el diseño de país impulsado por Perón, el mercado interno era una fuerza económica central. Lo cual coadyuvaba para que los trabajadores (y sus sindicatos) tuvieran un protagonismo incuestionable. Por cierto que este reconocimiento no niega que en la Argentina peronista (como en cualquier sociedad capitalista) existiere la explotación del hombre por el hombre. Pero lo cierto es que las opciones concretas no eran entre la economía capitalista y una sociedad socialista; si no que se daban entre modelos diferentes de capitalismo: es decir o la Argentina 1946-1955 o la vuelta en lo central al predominio sin límites de la oligarquía. Tales opciones convertían a Perón y a lo mejor de su movimiento en la verdadera izquierda de la Argentina. Por ello, mientras el peronismo supo conservar tal posición resultó imbatible. Por el contrario, cuando se ubicó en la franja diestra de la política argentina perdió nítidamente las elecciones presidenciales de 1983 y 1999. La única excepción a la mencionada “ley” fue el comicio legislativo del año 2009 en el que lo mejor del justicialismo fue vencido… por la derecha peronista en la provincia de Buenos Aires.
Llegado al gobierno (Frondizi 1958-1962), su gestión se halló jaqueada desde un principio por la presión de los militares, el desencanto de sus votantes más progresistas y la combatividad del peronismo (“dueño” real de los votos del presidente) en su lucha por conquistar la legalidad.
Las fuerzas armadas- autoerigidas en control autoritario del poder en razón de los conflictos propios de la guerra fría- hostigaron desde un primer momento al presidente, le impusieron ministros y orientaciones fundamentales, lo obligaron a anular elecciones en la provincia de Buenos Aires y finalmente lo depusieron sin más trámite. Ninguna de las dos fracciones radicales cuestionó el anticonstitucional papel- enmarcado a su vez en las contradicciones de la guerra fría- desempeñado por los uniformados durante aquellas complejas circunstancias.
Por su parte, el ala juvenil de la U.C.R.I se manifestó desencantada por la apertura privatizadora (aunque semejante expresión resulte fuera de tiempo) realizada por Frondizi al abrir al capital extranjero el campo de la exploración petrolífera. También el presidente realizó una apertura hacia la educación universitaria de carácter privada, completamente por fuera de los programas electorales. Por las razones apuntadas el nombre del presidente quedó asociado por bastante tiempo con el acto de traición. Lo dicho en la primera parte, las prácticas de Judas son consustancialmente radicales, como demostró una vez más Cobos cierta noche del año 2008.
En lo referente a los sindicatos, Frondizi había dado cumplimiento a una de las cláusulas del acuerdo con Perón al impulsar una Ley de Asociaciones Profesionales (sindicatos) que recomponía lo central del modelo peronista en la materia. Así, la conducción de la mayoría de las organizaciones de trabajadores fue ganada por seguidores del líder exiliado. Los dirigentes gremiales no peronistas vieron confinada su figuración a los destacamentos de trabajadores más ligados a las clases medias (docentes, bancarios, administrativos). Por otra parte, la pretensión del poder económico residía en pretender reducir de modo drástico el poder adquisitivo del salario: lo cual era coincidente con los gobernantes durante la totalidad del período correspondiente a los años 1955-1963. Los fusiladores por causa de su vinculación orgánica con la oligarquía y los desarrollistas por su proyecto de fomentar una industria de base (que no necesitaba en principio un mercado interno muy fuerte) coincidían en la necesidad de empobrecer a los trabajadores. De modo que en la oposición a semejantes designios del poder se realizó por aquellos tiempos amalgamando la lucha- realizada centralmente desde los sindicatos- en defensa del salario real y contra los intentos de proscribir y liquidar al movimiento peronista. Fueron de hecho, dos caras de la misma moneda.
Luego de la caída de Frondizi (que incluyó una poco lucida comedia de enredos por el sucesor presidencial) y presidido el país por el títere de las fuerzas armadas José María Guido, se verificó en el país un grotesco aquelarre que pasó a la historia como disputa entre azules y colorados. Tal era el nombre que recibieron las dos fracciones militares que disputaron por poco tiempo el poder. Se trataba, como diríamos hoy, de una interna intra-gorilas. Los colorados constituían la más fundamentalista opción anti-peronista que (en el marco de lo más demencial de la guerra fría) no diferenciaba a los seguidores de Perón de los de Marx, Lenín, Stalin, Mao o Trotski. Las pesadillas de los integrantes de semejante corriente pasaban por (un inexistente) Perón retornando a la Rosada en el marco de una campaña guerrillera impulsada por descamisados corridos muy a la izquierda. Se trataba ni más ni menos que de un delirio más cercano a la patología psiquiátrica que a la politilogía. Los azules no eran menos gorilas, pero si más racionales. Y se daban cuenta que era imposible liquidar al conjunto del peronismo. Por lo tanto, impulsaban un progresivo acercamiento a sus alas mas moderadas (derechistas) aconsejados por el entonces no tan viejo golpista Mariano Grondona, redactor del célebre comunicado 150, que acompañó con su asesoramiento el triunfo de la banda azulada.
Producido el desenlace en la bizarra contienda, se realizó una salida electoral condicionada por la proscripción peronista en la que se impuso el candidato de la U.C.R.P. Arturo Illia con un muy exiguo porcentaje electoral, que determinó la debilidad del nuevo gobierno. En la ocasión, Ricardo Balbín no fue el postulante del partido porqué estaba convencido que no podría ganar. Pero lo peor fue que impulsó una sorda oposición radical al ejecutivo, que menos de un trienio después sucumbió asilado, debilitado e impotente frente al golpe encabezado por el General Juan Carlos Ongana. El anciano médico cordobés tenía buenas intenciones. Pero adolecía de una profunda debilidad de origen, ya que había obtenido aproximadamente un cuarto de los votos. Y las fuerzas que lo enfrentaban eran imbatibles para todo radical. Los grandes empresarios como la oligarquía (el poder real), los militares, los sindicalistas peronistas de orientación vandorista y hasta el propio partido radical. fueron un entramado de fuerzas tan poderosas cono invencibles para el débil Illia. La enclenque “democracia” (nos resistimos a quitarle las comillas en razón de la proscripción del peronismo) no mereció apoyo de Balbín quien habría dicho refiriéndose al advenimiento de Onganía: “mejor que haya sido así, porque este gobierno se iba a hundir arrastrando al partido”. (Contratapa de Página 12 del 28-06-06.). Para una ampliación de lo dicho recién, véase un artículo sobre la citada temática en http://raulisman.blog.terra.com.ar/2006/06/
Lo dicho, el anciano presidente caído había demostrado buenas intenciones al permitir que el peronismo participase del parlamento; aunque con un nombre de fantasía. Pero no quería o no se animaba a jugar si el lobo estaba. Por ello, cuando Perón en 1964 intentó volver hizo lo indecible para que no llegase a destino valiéndose para tan democrático cometido del auxilio de los dictadores brasileños.
En la siguiente etapa (1966-2010) que glosaremos, podrá apreciarse la Renovación y el Cambio que el Alfonsinismo le aportó a la U.C.R. Y también lo débil y epidérmico que significaron dichas trasformaciones para una fuerza signada con desviaciones casi inalterables que portaba desde la cuna. Y también veremos como su golpismo y su tendencia atávica a la traición (contra el pueblo) llegaron a su paroxismo con la crisis iniciada en el año 2008. (Continuará)
viernes, 26 de febrero de 2010
viernes, 19 de febrero de 2010
sábado, 30 de enero de 2010
"La guerra es la continuacion de la farandula, por otros medios"

En el lenguaje de las ciencias sociales resulta largamente transitada la frase de Karl Von Clausewitcz que define a la guerra como continuación de la política por otros medios. La afirmación- debatida y retorcida durante casi dos siglos- ostenta claros visos de adecuación a la realidad (y a la verdad); pero merece una mínima modificación a estas alturas del siglo XXI latinoamericano.
No es un secreto para nadie medianamente avezado que vivimos una guerra (de baja intensidad) impulsada por el imperio del norte. El objetivo es abortar las tendencias autonómicas en nuestras patrias, desmantelar el creciente bienestar de algunos pueblos, abortar los anhelos de justicia social y rapiñar los recursos naturales. Tales son las líneas directrices que se hallan impulsando la apertura de bases militares en el territorio estadounidense de Colombia, por ejemplo. O de la campaña contra el narcotráfico en Méjico, país que sólo paradójicamente aumenta día a día su influencia en el jugoso mercado mundial de alcaloides.
Pero el mejor modo que cuenta para hacer política la reacción global y local es sin dudas el uso, abuso y manipulación de sus infames medios de (in)comunicación masiva. Desde allí desarrollan sus campañas cuyos objetivos evidentes son farandulizar la vida cotidiana y conquistar las conciencias desprevenidas de los sectores populares mediante un persistente proceso de despolitización. En Venezuela y Bolivia, por ejemplo, la rotunda marcha de los procesos conducidos por Hugo Chávez y Evo Morales ha puesto un claro límite a las pretensiones de la reacción. Por ello, es dable esperar en breve plazo una conflagración armada en la patria de Bolívar. La basura mediática y farandulera no da réditos allí y seguramente- esperemos equivocarnos en la siguiente afirmación- dará paso al rotundo lenguaje de los cañones, los misiles, las cuartas flotas y las tropas invasoras.
Otra es la situación en Argentina y Chile. En la patria de O?Higgins la peor derecha ha conquistado el favor de 44 de cada cien votantes, lo cual excede largamente las fracciones privilegiadas de la pirámide social. En los /’70 debieron dar el genocida golpe pinochetista para gobernar y hoy- principalmente por vía de los armados mediáticos- podría conquistarlo de modo electoral.
En la Argentina, los bombardeos televisivos y del periodismo gráfico han construido un frente del rechazo grotescamente alineado con el poder real, es decir el económico. No poca influencia han ejercido en la citada construcción las prédicas embusteras de añosas “divas” televisivas y el accionar de animadores que han transformado a un empresario saqueador- orgulloso de cesantear empleados y que “celebró” el asesinato de un maestro por la policía- en un “querible” personaje festivo y apolítico.
Despolitizar, banalizar, farandulizar, vender monstruos derechistas como si fueran gente sencilla y afable, más mentir constantemente son las caras visibles de la acción mediática de la reacción globalizada. Toda otra expresión popular es sometida a una indolora censura: la del discurso único.
Por Raul Isman, para Redaccion Popular
- La foto-frase, que ilustra este post, es una addenda mia, personalmente me parece que el creador de esta formula politica, es mucha mas Goebels que Clausewitcz...-
Pero, me resulta imprescindible hacer notar, lo seriamente literal de la afirmacion que titula el texto, y la necesidad de acercarse a esta eventualidad sin miedos ni corajes apresurados, sino embanderados en un decidido y fuerte liderasgo, cosa que por suerte no nos falta...
Pero, me resulta imprescindible hacer notar, lo seriamente literal de la afirmacion que titula el texto, y la necesidad de acercarse a esta eventualidad sin miedos ni corajes apresurados, sino embanderados en un decidido y fuerte liderasgo, cosa que por suerte no nos falta...
martes, 26 de enero de 2010
"Adelante Radicales; y el pueblo al abismo..."
“Hace rato la UCR definió ser vocera de las corporaciones yeso lo reflejaron en cada una de las votaciones en el Parlamento.Entonces es coherenteque Cobos sea su candidato.“Hay sectores progresistas en la UCR que por una cuestiónde no irse del partido se quedan a pelear desde adentro. Siempre fuimos dos sectores.Pero esos sectores no son los que conducen hoy la UCR. No hay un proyecto propio”.Diputada Silvia Vazquez. Hablaba de la U.C.R.de hoy. Parece referirse a la de siempre.IntroducciónTal vez desde los orígenes de la organización nacional date esa atávica costumbre de los partidos políticos argentinos, consistente en negar- desde su propia práctica- lo que indica el nombre de la fuerza de marras. Por ejemplo es sabido que en la década de los ‘90 ni el Frente Grande era grande así como tampoco articulaba espacios realmente frentistas, ni la Unión Cívica Radical era radical (nunca lo fue); ni el Partido Justicialista (peronismo) alentaba la justicia y muchos menos la Unión de Centro Democrático hacia algo para desmentir que de democrática tenía sólo el nombre. En rigor era muy de derecha y ni siquiera jamás estuvieron al menos unidos. La historia argentina es muy explícita en semejantes desvaríos, por caso un partido muy conservador se denominaba Demócrata Progresista y recibieron el nombre de Socialista y Comunista destacamentos que, en los años 45 y 46, hicieron el triste rol de apoyatura plebeya e izquierdista de la más rancia oligarquía antipopular. Como se ve, la grotesca enfermera troskosaúrica Vilma Ripoll o el estulto piquetero maoista Juan Carlos Alderete (quienes delirantemente creían hacer una revolución agraria, al tiempo que servían como toscos preservativos de la oligarquía) no inventaron nada en ese deleznable juego de embellecer desde la izquierda a la peor reacción.En las siguientes notas- cuyo título equivale al primer verso de la marcha radical- iremos por un análisis que pudiere trascender algo más que las coloridas pero superficiales palabras con las que hemos iniciado el presente trabajo. Buscaremos a lo largo de la historia, más que centenaria, con que el radicalismo fatiga el sistema político nacional la respuesta acerca de si la U.C.R. guarda coherencia con los enunciados de su discurso o este es nada más que un taparrabos justificatorio de una práctica sedicéntemente antipopular. Recordemos que, desde el punto de vista etimológico, la voz radical implica una actitud de infatigable consecuencia (es decir, sin dobleces) en la búsqueda de objetivos programáticos o valores sustantivos y trascendentes. Algo que la U.C.R. se guardó casi siempre de hacer, como veremos. Desde lo puramente discursivo, inscripto se halla en su matriz constitutiva el apego a la constitución, a las formas jurídicas y a la defensa irrestricta de la democracia entendida ciertamente en su sentido más puramente procedimental; por lo tanto, vacía de contenido. No obstante durante el primer mandato de Yrigoyen, diversas provincias fueron intervenidas por el ejecutivo mediante el poco constitucional recurso del decreto; cuando la carta magna ordena taxativamente que el llamado remedio federal debe ser votado por el parlamento. El doble discurso es, sin dudas, una constante partidaria. Cierto es que por aquellos tiempos el Senado era dominado por la oligarquía conservadora, clase con la cual la U.C.R. mantuvo más acuerdos que diferencias a lo largo de su existencia. En consecuencia nuestro análisis verificará- de modo sintético, por cierto- si la condición de radical constituye una práctica consecuente en el derrotero del partido o en su defecto no pasa de ser un discurso formal que encubre realidades muy diferentes. La historia maestra de la vida:De los orígenes a los primeros gobiernosLa frase del escritor romano Cicerón resulta sin dudas apta para titular y analizar el sintético derrotero histórico de la fuerza que- ya entrando en la segunda década del siglo XXI- se siente en condiciones de volver a paladear las mieles del poder. No hay que olvidar que las dos últimas ocasiones en que llegó al ejecutivo nacional (Raúl Alfonsín, 1983-1989 y Fernando De La Rua, 1999-2001) debió abandonar el gobierno en condiciones ruinosas para el país y su pueblo, lo cual debilitó ostensiblemente al radicalismo. Por tal motivo es bueno instalar la polémica acerca de la trayectoria del partido, debatir sus logros y sus virtudes; pero también acerca de sus inocultables defectos. Sin dudas se trata de un balance que todo elector conciente y crítico deberá realizar de cara a los comicios del 2011, tenida cuya campaña electoral ya (pre) calienta en las gateras.La U.C.R nació a comienzos de la década de 1890- en 1891 para ser exactos- impulsada por destacamentos desplazados de la elite terrateniente argentina por lo más excluyente de la oligarquía en alianza con sectores emergentes de clase media. La razón de ser de la fuerza era resistir y transformar el modo de gobernar de la oligarquía terrateniente centrada en el fraude. Y en tal cometido fue relativamente radical. No obstante, cuando se funda el partido, sus dos máximos dirigentes eran Leandro N. Alem e Hipólito Yrigoyen; respectivamente tío y sobrino, que sintetizaban en sus figuras dos orientaciones muy distintas. Se cuenta que Alem se sentía orgánicamente ligado al mitrismo; lo cual lo alejaba de toda perspectiva nacional, por un lado. Y por el otro, de combatir el fraude de modo consecuente. Es decir que la traición anidaba en el partido desde sus orígenes. Seamos claros, el tránsito de la inconsecuencia hacia la vulgar traición se halla- como el huevo de la serpiente- inscripto en el código genético de todo “buen” radical o (dicho de otro modo) que el bautismo existencial de los políticos boiniblancos es un hecho de traición. Como se ve, Julio Cesar Cleto “Isacariote” Cobos el 17 de julio de 2008 no hizo más que confirmar una vez más tradiciones ancestrales en la U.C.R.Por cierto que desde tales lejanos orígenes se destacó en su composición original una desviación que persiste hasta nuestros días. Se trata de creer que la solución a todos los problemas es de índole moral o como mucho, política. Así, cuando Hipólito Yrigoyen llegó al gobierno, careció de intensiones o visión para transformar la condición pastoril y agroexportadora de la estructura económico-social; ya que bastaba con que la “causa” pudiera imponerse contra el “régimen falaz y descreído” para que la Argentina recuperase su rumbo de “grandeza”. Otro ejemplo fue cuando asumió Raúl Alfonsín, tiempo en que el remedio de todos los males consistía en rezar el preámbulo de la constitución nacional y declamar “con la democracia se come, se cura y se educa”… para beneplácito del poder económico que resultaba invisibilizado de semejante modo. En efecto, los entonces denominados “capitanes de la industria”, elevaban sus preces con el jurídico salmo, al tiempo que presionaban al poder político en función de maximizar sus ganancias. Por otra parte, cuando lo necesitaron se llevaron puesto al gobierno de Alfonsín. Por no hablar de cuando Fernando De La Rua pretendía hacer creer a la sociedad argentina que el problema era la corrupción y no el modelo neoliberal. Una gestión honesta solucionaría las carencias populares en tal visión. Por cierto que la probidad moral es factor ciertamente necesario, pero no suficiente. También es preciso impulsar cambios económicos sociales y culturales, además de los ético-políticos. Por desgracia la decepción provocada por la U.C.R. a comienzos del siglo XXI vino acompañada- nadie debería olvidarlo- por rebajas salariales para estatales, docentes y jubilados; para lo cual se desencadenó finalmente un baño de sangre con más de treinta muertes aún impunes; mientras que el discurso anti-corrupción funcionaba como música de fondo para que los sectores dominantes realizaran una fuga de capitales de escasa equivalencia en nuestra historia. En este punto lo central reside en comprender que el referido discurso es un recurso al cual echa mano el poder real para invisibilizar a los verdaderos causantes de la miseria del pueblo e ilegitimar todo proyecto alternativo al dominante.Durante los comienzos partidarios, la fuerza liderada por Hipólito Yrigoyen supo dar cauce a las ansias de democratización de lo que se denominaba “pueblo”; es decir sectores básicamente de las emergentes clases medias urbanas y clases sociales más pobres ubicadas en regiones agrarias. Los miembros de la clase incipiente de obreros industriales- sector formado centralmente por inmigrantes- de las grandes ciudades (Buenos Aires y Rosario) no adherían al radicalismo y; en general, canalizaban hacia el anarquismo y el socialismo su voluntad de lucha y participación en la nueva sociedad. La presión radical contra el fraude sistemáticamente practicado por la elite dio por resultado la sanción de la Ley Sáenz Peña, que permitió la primera elección de un presidente sin recurrir a la grotesca tergiversación en los resultados que era de rigor. Así, en 1916 fue electo Hipólito Yrigoyen, quién desde la primer magistratura hizo honor al defecto que mencionáramos más arriba de la U.C.R. Y a otro más que desarrollaremos a continuación. Se trata de algo en lo que el radicalismo ha incurrido hasta el hartazgo, cada vez que ha llegado al gobierno. Cuando el poder real de la sociedad se pone en contradicción y tensión con el sistema político, fatalmente la fuerza boiniblanca se muestra dócil y sumisa frente a la reacción. E implacable con el pueblo. Durante los primeros tiempos de la gestión yrigoyenista, el presidente intentó mediar en los conflictos entre el movimiento obrero y las patronales. Pero un conjunto interno y externo de causas provocó el alerta de los verdaderos dueños del poder. Mencionaremos en breve síntesis como los conflictos de trabajadores navales y ferroviarios habían incidido en el suministro de bienes argentinos hacia Gran Bretaña (alertando y tensionando a las cámaras empresariales de rigor) y el efecto (simbólico) de la revolución rusa en las clases dominantes de todo el mundo. En nuestro país el temor de los poderosos al “maximalismo” y al bolchevismo se volvió tan real como desproporcionado en lo referente a sus alcances reales. En tal contexto hacia enero del año 1919, al desencadenarse la semana trágica el gobierno desató una represión ilegal contra la clase obrera y los inmigrantes que sólo pudo ser igualada en términos masivos por el propio Yrigoyen, cuando impulsó métodos de guerra civil no menos ilícitos contra los trabajadores rurales en la provincia patagónica de Santa Cruz. En la ciudad de Buenos Aires la Policía fue desbordada por la lucha obrera y el orden social fue confiado al ejército. La fuerza represiva- comandada por el general yrigoyenista Luis J. Dellepiane.- fue implacable con los trabajadores. Pero no atinó a detener a miembro alguno de las fuerzas de choque civiles derechistas que realizaron salvajes progroms (prohibidos por la ley), confundiendo deliberadamente a judíos con rusos. De allí mediaba sólo un paso para empalar a los descendientes de Moisés, convertidos en rápida metamorfosis por la arbitraria brutalidad de las legiones derechistas en bolcheviques. Ninguno de estos delitos fue si quiera investigado. Como se ve se trata de prácticas escasamente republicanas y nada democráticas, pese a que la U.C.R. recurre a reivindicar ambas condiciones como constitutivas de su identidad. En cuanto a alentar la impunidad de los crímenes de la derecha no podía ser de otra manera; ya que Manuel Carlés, organizador de una de las citadas organizaciones reaccionarias (la Liga Patriótica Argentina) pertenecía, al propio partido del presidente; bien que a otra fracción que el primer mandatario.En la provincia de Santa Cruz, la lucha de peones rurales contra las condiciones de explotación- que no diferían mucho de la esclavitud infame sobreviviente en los E.E.U.U. aproximadamente media centuria antes- provocó una cacería humana desarrollada por el ejército, en la cual muchos trabajadores fueron asesinados a sangre fría, cuando ya se habían rendido. Como en el caso de la semana trágica, el radicalismo operó de acuerdo con la oligarquía para silenciar la masacre y propulsar la impunidad. Cualquier lector interesado puede ampliar las consideraciones que hemos hecho con los magníficos trabajos de Julio Godio (La semana trágica) y Osvaldo Bayer (Los Vengadores de la Patagonia Rebelde), textos que aportan documentación irrefutable y no dejan lugar a dudas en lo que hace a la interpretación que hemos seguido. Para ir cerrando el parágrafo es preciso destacar tres cuestiones aquí.1) La primera es que las matanzas radicales contra los trabajadores fueron, desde el punto de vista de la masividad, peores que las ensayadas por la dictadura genocida (1976-1983). En efecto, los criminales procesistas reprimían de modo más selectivo; lo cual no los hace menos imputables que los represores de 1919 y 1921. De La Rua dejando el poder en un baño de sangre no hizo más que continuar una tradición ancestralmente radical.2) La segunda es que prácticamente el conjunto del partido se abroqueló para garantizar la impunidad de los crímenes, bloqueando toda intentona judicial o parlamentaria de investigación posterior. El respeto a la legalidad, las instituciones y la propia Constitución Nacional (recordemos, constitutivo de la identidad partidaria) se lo metieron donde les cupiere en aras de la conveniencia política.3) Tal vez el cerril gorilismo (antiperonismo) de la U.C.R. se halla originado en que Yrigoyen no supo, no pudo o no quiso darle a los obreros rurales más que las balas asesinas del ejercito. Y apenas poco más que dos décadas después, el entonces coronel Juan Domingo Perón estatuyó un ordenamiento legal (el célebre estatuto del Peón) y además puso gran parte de los recursos de su área para hacerlo cumplir, lo cual obligó a los terratenientes a respetar condiciones de vida mínimamente dignas para los trabajadores agrarios. En tal sentido, el mentado gorilismo no sólo encuentra sus raíces en la historia. También resulta claramente la opción discursiva de una fuerza que se pone resueltamente del lado de los más poderosos de la sociedad y en la vereda de enfrente del pueblo trabajador; al cual no tiene otro deseo que defenestrar ya que para solucionar su problemática debe enfrentar al poder real. Y tal orientación le es vedada a todo buen radical.La fuerza creada por Leandro N Alem atravesó los tres primeros períodos en el gobierno con una escisión entre radicales yrigoyenistas y antiyrigoyenistas (más derechistas). Pero se hace muy difícil visualizar diferencias sustantivas entre ambas fracciones: más allá del hecho que los segundos se hallaban mucho más ligados a fracciones terratenientes y la perspectiva del dos veces presidente se acercaba a las clases medias. El “galerita” (oligarca) Marcelo T. de Alvear, presidente entre 1922 y 1928, fundó la petrolera nacional (Y.P.F) y durante su mandato se dio un debate acerca del perfil económico del país. Pero ambos dirigentes tuvieron igual transigencia con los núcleos duros del poder real; lo cual le valió a Yrigoyen ser desplazado por un golpe de estado el 6 de septiembre de 1930. Digamos a modo de conclusiones del parágrafo que aparecieron durante toda la etapa (1891-1930) desviaciones decisivas del radicalismo que fueron una marca constante el la fuerza. A saber.a) La traición constituye una marca indeleble de la identidad partidaria. Desde el pro-mitirsimo de Alem hasta la felonía de Cobos, pasando por el golpismo de la U.C.R en el ’55 y las largamente debatidas inconsecuencias de Frondizi o Alfonsín, la figura de Judas Isariote debiera estar incorporada al panteón radical.b) Uno de los aspectos que los actuales radicales dejan en las cenagosas aguas del olvido es el uso y abuso por parte del presidente Yrigoyen del clientelismo político como modo de construcción. En efecto, se denomina de este modo al intercambio de favores hacia los ciudadanos (votantes) a cambio de apoyo político. El historiador británico David Rock origina en dicha característica el raquitismo de nuestras clases burguesas; ya que estimula una mentalidad no competitiva. El radicalismo utilizó el clientelismo a lo largo de diversas épocas de su historia; pero resulta demonizado si el que lo gestiona es un gobierno peronista. Puede verse como el doble discurso es irrescindible de la condición radical. Las dos restantes conclusiones ya las hemos mencionado, pero las reiteramos.c) En el primer radicalismo prevaleció- y se mantuvo constante en toda si historia- una mirada puramente política y ética acerca de los problemas nacionales y populares. Por el contrario, es preciso aportar una visión más abarcadora en lo económico, social y cultural para aportar soluciones en favor de la nación y de su pueblo.d) La U.C.R. jugo relativamente autónoma del poder real de la sociedad- en aquellos tiempos la elite terrateniente y el capital británico- mientras dichos núcleos dominantes no se hubieren encrespado. Pero cuando la derecha dijo basta, el radicalismo disciplinadamente se alineó con la reacción. Las cuatro son características consustanciales e inescindibles del partido.Entregolpes: de la década infame a lacaída del primer peronismoEl golpe del 6 de septiembre de 1930 significó el cierre de la “primavera” yrigoyenista y el inicio de una etapa de autogobierno oligárquico por medio de la imposición autoritaria (Uriburu) y poco después por fraude (gobiernos posteriores presididos por Justo, Ortiz y Castillo). Entre 1930 y 1945 se verificó de modo coagulado y sintético tanto lo mejor como lo peor de la U.C.R. Nadie puede negar lo abnegado de la resistencia radical hacia los atropellos de la elite. Los levantamientos militares en procura de la refundación democrática, las denuncias del fraude, la prédica de los núcleos yrigoyenistas agrupados a posteriori en F.O.R.J.A. (Fuerza de orientación radical de la Joven Argentina nacida en 1935) fueron sin dudas lo mejor del partido. Pero no puede dejar de consignarse que agruparon a franjas minoritarias del mundo radical, universo que en sus sectores mayoritarios fue en todo funcional a la oligarquía. La llamada “Alvearización” del radicalismo fue el nombre que la historiografía nacional le dio al proceso por el cual el radicalismo fue (casi definitivamente) conducido por su ala derechosa. No sólo levantaron la abstención contra el fraude; también participaron alegremente de muchos negociados de los que contribuyeron a que toda la etapa se denominase “década infame”. Por el contrario y muy particularmente en F.O.R.J.A. debe destacarse la voluntad y la vocación por mantener vigente el pensamiento nacional, Dicha prédica- sintetizada en la defensa del patrimonio y la identidad nacional en un marco de estricta defensa de la democracia- engarza luego con el mejor peronismo. Pero agrupó, como ya se dijo, a un número muy pequeño de radicales.Cuando emergió el movimiento peronista se verificó inmediatamente otra desviación insuperable para la U.C.R.. Se trata del hecho que si la fuerza nacida el 17 de octubre de 1945 se colocaba por izquierda; el radicalismo históricamente se desmarca por el célebre andarivel de Garrincha y el “loco” Corbata. En efecto desde el gobierno militar nacido en 1943 y mucho más durante su primer gobierno, Perón impulsó un reformateo de la economía y la sociedad argentina; que sin dudas, favoreció de manera indudable a la mayor parte del pueblo. Una economía industrial centrada en el mercado interno y un estado con gran capacidad de intervención en cuestiones productivas y financieras fueron las notas distintivas del peronismo primigenio, modelo al que la U.C.R. se opuso de manera tozuda y contra los deseos e intereses de las franjas mayoritarias del pueblo.La fuerza nacida en 1891 presto su aparato partidario, los candidatos y la mayor parte de su militancia a la Unión Democrática, el conglomerado reaccionario que se oponía a las medidas impulsadas por Perón desde el gobierno militar nacido del golpe (anti-fraudulento) de 1943. Llegado el peronismo al poder político, la U.C.R. se opuso sistemáticamente con todas las fuerzas de las que fue capaz a las transformaciones que le brindaron al pueblo argentino un nivel de vida superior- por aquellos años- al que recibían los trabajadores en las potencias económicas del mundo capitalista. A modo ilustrativo invitamos al lector a recorrer el debate parlamentario acerca de la creación del Instituto Argentino de Promoción del Intercambio (I.A.P.I.). La similitud con las posiciones (pro-oligárquicas) típicas de los radicales durante el debate de la resolución 125 en el año 2008 es algo más que casualidad permanente. Muestra el modo de actuar de una fuerza que prácticamente siempre- en los momentos y en los debates decisivos- se alineó indubitablemente con el poder real. En los ’40 y los ’50, el peronismo confrontó contra la oligarquía. Gano (cuando impuso las transformaciones ya citadas) y perdió (golpe de 1955). Pero sistemáticamente la U.C.R. estuvo alineada con la reacción oligárquica y fue su operador político hacia los sectores no oligárquicos Es que una de las características más marcadas por su funcionalidad con la reacción es el sedicente gorilismo que la U.C.R. contribuye a difundir y perpetuar. Es sabido que el esqueleto social de un frente de liberación nacional en nuestra Argentina es la alianza plebeya entre los trabajadores (centralmente contenidos en el peronismo) y las clases medias (durante mucho tiempo representadas por la U.C.R). La constante defenestración que hacía el partido radical no fue sólo una cuestión de tratar de lograr la preponderancia en el “mercado” electoral. También obedeció (y continua haciendo caso) al mandato de la reacción que domina cuando las franjas de la pequeña burguesía ven en los sectores populares al enemigo. Así se invisibiliza y silencia al verdadero poder: el económico llamado por la diputada Vazquez las corporaciones, en las declaraciones utilizadas como epígrafe de este trabajo. Fue necesario que el peronismo se parase por derecha- en la aciaga década del ’90- para que los radicales pudiesen disimular (por poco tiempo) su profunda alienación con el poder real.No se trata de negar que en los primeros gobiernos peronistas hubo posiciones y gestos autoritarios hacia la oposición política. Pero ello de ningún modo puede justificar la militancia activa a favor del golpe de estado, finalmente consumado en 1955. La U.C.R colaboró activamente con la sedición gorila; cuyos resultados veremos con cierto detalle en el parágrafo siguiente. De modo que aquí queda plenamente expuesto el contenido real de la autoalabanza radical acerca de su carácter democrático y republicano. Nadie es verdadero merecedor de las condiciones mencionadas si avala golpes de estado represivos contra los trabajadores y proscriptivos para las representaciones políticas y sindicales de nuestro pueblo. A modo de cierre del parágrafo y de esta primera parte de nuestro trabajo, extraeremos algunas conclusiones sin reiterar las correspondientes al primer segmento.1) La U.C.R. pudo presentarse como fuerza popular y alternativa contra el poder económico mientras no hubiera otra con realizaciones tangibles que pudiere desmentirla. Una vez que apareció el peronismo quedó confinada al carácter de fuerza funcional a la peor reacción.2) La condición de fuerza democrática y republicana debe ser conferida a una que lo demuestre de modo práctico. Por cierto que es impropio llamar así a un partido que impulsó y apoyó- como lo hizo en otras circunstancias de nuestra historia- un golpe de estado que ni siquiera intentaba disimular sus principios, inclinaciones, objetivos y orientaciones antipopulares. Así como la mal llamada Revolución Libertadora debiera pasar a la historia con el mote, más ajustado a la realidad, de Fusiladora, la condición de democrática de una organización política puede postularse si resulta coherente con la historia de la agrupación de marras. Por cierto que el radicalismo no resiste un archivo ni el cotejo crítico con su historia.
por Raúl Isman. Director de la revistaElectrónica Redacción popular.raulisman@yahoo.com.ar
domingo, 24 de enero de 2010
sábado, 23 de enero de 2010
Pequeña ucronia y enorma bola de bosta sobre Haiti...

Las noticias de Haiti son, como en toda catastrofe natural, un compendio de situaciones terribles, los primeros dias, los organismos gubernamentales ponen en juego
todo su repertorio de planes estudiados y ensayados largamente, bomberos, medicos, logistica, policia, FFAA, organizaciones sociales
y politicas se concentran en hacer el mejor papel posible frente a la catastrofe, al cabo de unas hora de confusion, se comienzan a recontar los recursos,
y se descubre que las construcciones antisismicas lograron resistir el impacto del desastre, que la mayoria de la red de hospitales y escuelas,
sobre las que recaerá la contencion de la angustiada poblacion, estan regularmente funcionales, puertos maritimos y aeropuertos son preparados por las autoridades locales
para recibir en el corto plazo las muestras de solidaridad que todo el mundo pone en manos de los lideres de una poblacion que espera habida de reconstruir su nacion.
Las grandes entidades financieras del mundo se disponen a condonar inmediatamente las deudas que pudiera existir y a formular fondos de emergencia.
Pero no, no son esas las noticias, muchos intereses, mucha hijadeputez fue necesaria para que las noticias fueran otras...
Las noticias de Haiti, luego del terremoto podrian haber sido bien otras, otra hubiera sido la historia si se tratara de Cuba, si hablaramos de Venezuela.
¿Cuales serian las informaciones si se tratara de nuestro pais?
Saltará como leche hervida, algun bienpensante, suponiendo que estoy tratando de crear discurso politico de una tragedia.
Pero la Historia va mas o menos así:
"La última tragedia que azota Haití ha atraído los focos de las empresas internacionales comercializadoras de noticias que no se cansan de repetir cuán pobre,
qué falta de infraestructuras y servicios resulta la sociedad haitiana. El periódico español El País reseña "la crueldad" de la historia de esa nación caribeña:
"crisis gubernamentales arbitradas a machetazos, pobreza, hambre y migraciones masivas". Otro análisis de la agencia Ap cita a algunos
"expertos" que explican la desgracia por la conjugación de una serie de factores "asesinos": geografía, problemas sociales, chapuceros estándares en la construcción de
edificios "y mala suerte". De remate, el predicador estadunidense y alguna vez precandidato presidencial republicano Pat Robertson afirma que existe una maldición sobre el pueblo
haitiano porque éste habría hecho un pacto con el demonio para destruir la esclavitud e independizarse del yugo francés.
De lo que se cuidan de hablar estos medios y sus fuentes "expertas", o que apenas aluden, es de la responsabilidad de Estados Unidos y Europa en la postración de Haití.
Si algo ilustra la crueldad en la historia haitiana es precisamente la continua agresión de la que ha sido objeto el país (registrada por Gregorio Selser en su monumental obra sobre
las intervenciones extranjeras en América Latina). Vale la pena recordar, aunque sea de forma sucinta, algunos de estos otros "factores asesinos" que han contribuido a la
pobreza endémica de los haitianos.
En primer lugar mencionemos la exigencia de Francia, en 1838, para que Haití pagara 90 millones de francos de la época, para indemnizar los dueños de esclavos
y plantaciones, y como condición ineludible para reconocer al país como nación independiente (cifra abonada religiosamente por los haitianos hasta ser cancelada en 1883).
Otro es el "incidente Lüders", que más bien pareciera un cuento del realismo mágico. La historia va así: En 1897, unos policías haitianos quisieron detener a un individuo
a quien su anterior patrón acusó de un robo menor. El nuevo empleador del acusado, el comerciante Emile Lüders, trató de impedir utilizando bastonazos que
se ejecutara la orden judicial. Lüders era hijo de madre haitiana y de padre alemán, y detentaba la ciudadanía haitiana. Con su actitud violó las leyes haitianas,
fue juzgado y condenado a un año de prisión. Apeló entonces a su ascendencia alemana, y fue liberado poco después gracias a las gestiones de un diplomático de
Estados Unidos. Lüders se trasladó a Alemania donde gestionó represalias contra Haítí. El káiser, ni corto ni perezoso, envió varias naves de guerra y un ultimátum
para los haitianos: la entrega de 20 mil dólares como indemnización para Lüders, además de ofrecer disculpas al representante alemán y saludar con 21 cañonazos la
bandera de Alemania. De no cumplirse la demanda, Puerto Príncipe sería arrasada por las cañoneras alemanas. El gobierno haitiano se vio obligado a ceder al chantaje.
Un tercer elemento es el de la invasión militar estadunidense que engendró la dictadura de Francois Duvalier, Papá Doc, y de su hijo Jean-Claude, el igualmente corrupto
y asesino Baby Doc. Estos siniestros personajes duraron tanto en el poder gracias a la alimentación recibida por el cordón umbilical de la complicidad "americana".
Hechos más contemporáneos también merecen mención. Entre ellos el ascenso y la caída de Jean Bertrand Aristide, a quien El País identifica como "el cura populista
que nunca pudo o supo erradicar las causas" de la postración haitiana (como si un solo hombre pudiera transformar, en algunos meses de gobierno, las secuelas de un
sistema que tiene siglos de castigar a los haitianos). Aristide fue derrocado con la complicidad estadunidense, y restituido en el poder tras comprometerse a aplicar unas
políticas neoliberales que desangraron todavía más a una población hundida ya en la miseria. Bill Clinton, hoy irónicamente nombrado enviado especial de
Naciones Unidas para Haití, era entonces el presidente estadunidense cuando esto ocurrió.
Como podemos ver, una de las principales claves para entender la tragedia haitiana está en lo que menciona, casi sin querer, el periódico español:
el protectorado que de hecho ejerce la Casa Blanca sobre Haití desde 1915. Si alguna maldición ha caído sobre el pueblo haitiano es precisamente la del intervencionismo
de Estados Unidos; una maldición que al parecer continúa hasta el día de hoy, cuando todo indica que el gobierno de Estados Unidos toma la nueva tragedia como
un pretexto para ocupar militarmente, una vez más, a tan desdichada nación."
Guillermo Fernández Ampié Periodista (La jornada)
Ahora, el pueblo Haitiano, humillado tantisimas veces, por los dueños de los barquitos, saqueado en su bolsillo, en sus panzas, en su dignidad, en su independencia;
necesitaba una muestra, ya no de solidaridad, por parte de estos eternos "piratas del caribe", sino a penas de decencia, aunque mas no fuera de indiferencia. Que sacaran sus garras del desastre que causaron, que se llevaran sus barquitos y se los perdieran en el orto.
Ahora, el pueblo Haitiano recibio de sus asesinos...
mas barquitos, un gigantesco operativo de Marines, la ocupacion militar de su ensangrentado suelo, y muchas mas balas y palos que agua y comida...
A continuacion, unas notas de Huguito, y de telesur.
viernes, 22 de enero de 2010
TV Digital terrestre en Argentina
Cada vez falta menos, y el cable se lo meten por el culo...
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